El Amor en 1 CORINTIOS 13

En el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios, San Pablo es impresionante.

En 13:2 nos dice: Si teniendo el don de profecía, y conociendo todos los misterios y toda la ciencia... si no tengo caridad, no soy nada. Imagínate alguien que sabe toda la Biblia, que sabe todos los misterios de Dios, de la Trinidad, de toda la ciencia, que es un profeta... si no tiene caridad, no es NADA. Así nos lo dice San Pablo. No dice "poco", o "puede ser algo más". NO ES NADA.

Y después sigue, en ese mismo verso 2: Si tiene tanta fe que mueva montañas, pero no tiene caridad, no es nada. ¿Te puedes imaginar un ministro, o un sacerdote, que se ponga a la salida de su iglesia el domingo, y en nombre de Jesús, le ordene al edificio Empire State de New York que se quite de donde está y se ponga en frente de su iglesita? Suponte que eso pasa, y que el gran edificio de 110 pisos se quita de donde está en la quinta avenida de New York, y se pone enterito en frente de la iglesita. Al día siguiente aparecería ese ministro o sacerdote en todos los periódicos del mundo con la foto del edificio en frente de su iglesia y las fotos de la quinta avenida de New York con el espacio vacío donde antes estaba el Empire State... todos aclamarían a ese ministro o sacerdote como el gran Profeta de nuestro tiempo, como el gran hombre de Dios. Pues San Pablo dice que si no tiene caridad, no es nada, no sólo si moviera un edificio, sino si moviera una montaña entera que es más grande que un edificio... si tiene tanta fe que mueve montañas, si no tiene caridad, no es NADA, dice San Pablo.

Y el verso 3 es todavía más impresionante: Y si repartiera toda mi hacienda y entregara mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha. Aquí San Pablo es desconcertante. Resulta que puedo entregar todo mi cuerpo a las llamas, y dar todo mi dinero, y aun así puede ser que no tenga caridad, que no tenga amor... ¡Desconcertante!

Voy a tratar de explicártelo como yo lo entiendo. Suponte que tú estás casado, y que le das a tu esposa tu cuerpo y tu dinero, pero que le enseñas con tu vida a ser mala, embustera, hipócrita... suponte ahora que tu esposa muere antes que tú y se va al Infierno, porque fue mala, y que después tú te mueres... Cuando estés a las puertas del hielo, tú misma esposa es la que va a gritar: "A ese no le dejen entrar en el Cielo, porque me dio su cuerpo y su dinero, pero luego me enseñó a ser mala, y yo me condené por su causa, a ése no le dejen entrar al Cielo, mándenlo al Infierno".

O quizá sea tu propio hijo al que tanto quieres, al que le das la comida y los zapatos y tu tiempo... pero luego le enseñaste a ser malo y se condenó. Tu hijo es el que va a gritar: "¡A ése, a mi padre, no le dejen entrar al cielo, porque me dio su dinero, y yo me fié de él, y de él aprendí a ser malo, a hablar mal de los demás, y por su culpa me condené! ¡A ése, a mi padre, no le dejen entrar en el Cielo, porque por delante me dio dinero y comida, pero me clavó un puñal en la espalda, me enseñó a ser malo, y me condené por su culpa! ¡A ése, a mi padre, que decía que me quería tanto, mandadlo al Infierno, porque por su culpa yo estoy condenado para siempre!"

No sé si ha entendido este verso 3 con lo que le he dicho, pero yo sí lo entiendo. El apostolado, el ser misionero o evangelista, es lo más grande del amor. Lo más que le puedo yo dar a mi esposa e hijos es ayudarlos a ir al Cielo... y lo más que le puedo yo dar a mi vacio, y mi amigo y a mi enemigo, es ayudarles a ir al Cielo, ayudarles a conocer la verdad, porque la verdad os hará libres (Juan 8:32). Y por eso gritaba el mismo san Pablo: El evangelizar no es para mí un lujo, sino una necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizara! (1Cor.9:16, Mt.28:29 Mar.16:15).

Si yo veo a un hombre ciego que se va a caer por un gran precipicio, si lo amo, la mejor ayuda que le puedo hacer es advertirlo, ayudarlo a que no caiga por el precipicio que él no ve porque está ciego. Pues en la vida pasa lo mismo: Cuando un familiar sangra por un accidente de carro, en seguida lo ayudamos, lo llevamos al hospital... pero hay muchos con heridas graves del alma, más serias que las del cuerpo, y a veces como que ni nos importa, no hacemos nada por ellos.

Si un familiar mío está en pecado, está sangrando del alma, está mucho más grave que si se hubiera roto la cabeza en un accidente de carro. La herida del cuerpo le puede hacer morir, pero la herida del alma, su pecado, le puede hacer "morir eternamente", ir para siempre al Infierno, que es el mal más grande de una persona... Si tú y yo le damos a nuestra familia el alimento del cuerpo, pero no le damos el alimento del alma, le estamos clavando un puñal por la espalda, le estamos negando lo más que le pudiéramos dar.

Y lo mismo que pasa con la familia, pasa con el vecino. Hay muchos que está hambrientos de la verdad de Cristo, que tienen sed de la verdad... Yo esto lo entiendo a mi manera, como médico que soy. Si llega un enfermo a mi oficina médica con cáncer, yo amo al enfermo, pero odio a su cáncer, y trato de arrancárselo lo mejor que pueda. Y lo mismo pasa en la vida. Una persona atea es como uno que tiene cáncer; yo amo a la persona pero trato de arrancarle el cáncer, que en su caso se llama ateísmo.

La evangelización es el acto supremo del amor, ser misioneros, apóstoles de Cristo.

La mamá es evangelista cuando enseña al hijo a rezar, el papá es misionero cuando va con su hijo al templo, o cuando le enseña la biblia, o cuando le enseña a ser bueno y honrado con su vida.

Yo soy católico, y pienso que los testigos de Jehová y los protestantes están en error, no tienen toda la verdad, tienen una enfermedad. Yo trato de arrancarles su enfermedad del alma, sacarlos de su error, aunque amo de todo corazón a las personas, lo mismo que amo al paciente que tiene tuberculosis, aunque odie su tuberculosis y trate de quitársela con todas mis fuerzas.

Si usted, hermano, es protestante, y cree que yo no vivo en la verdad, la mejor forma de expresar su amor por mí es tratar de llevarme a mí al conocimiento de la verdad, arrancarme la enfermedad del error.

En este capítulo 13, San Pablo nos dice a continuación qué es el amor, cómo es, cómo actúa:

La caridad es generosa, comprensiva, bondadosa. No es jactanciosa, no envidiosa, ni orgullosa; no es descortés, no es egoísta, no se irrita, ni se enoja, ni piensa mal, ni guarda rencor; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera... Léalo usted por completo, mi hermano, porque es uno de los capítulos más bellos de la Biblia.