Estos son dos términos distintos que se prestan a equivocación. Santos: En la Biblia se suele llamar "santo" al creyente bautizado. SANTOS: La Iglesia Católica declara SANTOS a los buenos cristianos ya muertos que están en el Cielo. Una aclaración: Yo pongo aquí "santos" con minúscula y mayúscula para entendernos. En los escritos católicos y en la Biblia se ve claramente por el contexto de qué clase de "santos" se habla, sin que se distingan por la escritura de mayúsculas y minúsculas. Los "santos", con minúscula, que menciona la Biblia, pueden condenarse, ir al infierno, a pesar de tantos privilegios y títulos y dones que reciben en el bautismo. Judas Iscariote era un "santo", creyente bautizado, que hizo milagros y sanaciones y expulsó demonios en el nombre de Jesús, y Cristo mismo lo llamó "el hijo de la perdición" (Juan 17:12). Y San Pablo, después de haber hecho tanto por Cristo, dijo: Castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo sido heraldo para los otros, resulte yo descalificado (I Cor. 9:27). En hebreos 6:8 se nos habla de "apóstatas", de "santos" que habían gustado el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y que "apostataron", y añade San Pablo algo terrible en cuanto a estos: Es imposible que sean renovados otra vez a penitencia. Y de estos dice San Pedro: Mejor les fuera no haber conocido el camino de la justicia que, después de conocerlo, abandonar los santos preceptos que les fueron dados (2 Pedro 2:21). Estos "santos" se pueden condenar, pero los SANTOS, con mayúscula, de que habla la Iglesia Católica, son los buenos cristianos que murieron y están en el paraíso con el Señor, y que por lo tanto ya no se pueden condenar, como San Dimas, de buen ladrón de Lucas 23:43, San Pedro, San Pablo, San Juan, San Andrés, etc. La Biblia nos enseña que los Santos, los que murieron en el Señor, ya están en el cielo glorificados, que pueden orar por nosotros, y que su intercesión es eficaz y poderosa. Los Santos ya están en el Cielo: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23:43) Así le prometió Jesús al Buen Ladrón, a Dimas, en el Calvario. Y seguro que Dimas no está solo, aburrido, en el paraíso... seguro que allí están también ahora mismo otros con más méritos que Dimas, como Pedro y Pablo y la Virgen María, y San Francisco y San Ignacio y Santa Teresa... Dimas es un "Santo" que el Papa no tuvo que canonizar, que declarar "Santo", porque el mismo Jesús lo declaró en el Calvario, el Viernes Santo. Cuando expiró Jesús en la cruz... se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron, y salieron de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la ciudad santa y se aparecieron a muchos (Mateo 27:52). Aquí nos dice la Biblia que cuando Jesús expiró, muchos resucitaron y se aparecieron a muchos... ¡y siguen resucitados y en el Paraíso con Dimas! Antes de redimirnos Jesús con su sangre, nadie podía ir al paraíso, al Cielo, pero en cuanto nos redimió, todos los que habían muerto en el Señor fueron resucitados y glorificados, y están vivos ahora con Jesús y con Dimas. Porque la redención de Cristo tiene valor retrospectivo: Abraham, Isaac, y Jacob ya están en el Cielo, como nos asegura el mismo Jesús (Mateo 8:11)... y están en el Cielo por los méritos de la Sangre de Cristo... lo mismo que todos los profetas, nos dice el mismo Jesús (Lucas 13:28)... y lo mismo que todas los indios buenos que vivieron miles de años antes de nacer Jesús... son los "muchos" que salieron de los sepulcros después de la resurrección de Cristo, como mencionamos anteriormente (Mat.27:52). Salvación Este tema de "Los Santos" es controvertido, por ello muchos cristianos no les piden a los Santos ni a la Virgen que oren por ellos... Se puede entender, si tenemos en cuenta que después de la muerte, en la eternidad, no hay tiempo ni espacio. San Pedro y el salmista nos lo tratan de explicar diciéndonos que delante de Dios un solo día es como mil años, y mil años es como un solo día (San Pedro 2:8, Salmo 90:5). Pero esto de que no hay tiempo ni espacio después de muertos nunca lo comprenderemos bien, hasta que no lleguemos a la maravilla de la eternidad. Quizá lo podemos entender un poquito aquí en la tierra si pensamos en cómo actúa nuestra imaginación. En mi imaginación no hay tiempo: con la imaginación puedo estar aquí, y al mismo tiempo viviendo algo de la infancia, y al mismo tiempo viviendo las hazañas de San Pablo... Tampoco hay espacio en mi imaginación. Con ella puedo estar en New York, y a la vez viviendo un día delicioso que pasé en Puerto Rico, y a la vez situarme en el fondo del mar... En nuestra imaginación no hay tiempo ni espacio... La imaginación no es real, pero es una muestra, en pequeño, de la maravilla real de lo que es la eternidad, el Cielo donde no hay ni tiempo ni espacio, donde un solo día es como mil años, y mil años como un solo día. Después de muertos no hay tiempo, donde esta uno el día en que muere, ahí estará para siempre, porque no hay tiempo... por esto puede uno explicarse que Jesús el Viernes Santo estuviera muerto y, a la vez, con Dimas en el paraíso, como se lo dijo al buen ladrón: Hoy mismo (este Viernes Santo) estarás conmigo en el paraíso (Lucas 23:43). En la Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lucas 16), Jesús nos da un poco de luz en este misterio. El rico Epulón estaba en el Infierno, nos cuenta Jesús, y le pide a Dios: Te ruego, padre, que siquiera envíes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento (Lucas 16:27) Lea usted toda la historia y verá cómo Jesús nos trata de explicar que mientras Lázaro estaba en el Cielo y el rico Epulón en el Infierno, los hermanos de éste estaban viviendo en la tierra. San Pablo nos enseña en dos ocasiones que espera ir al cielo en cuanto muera, a estar con Dimas, el buen ladrón. Deseo morir para estar con Cristo, que es mucho mejor (Filipenses 1:23). Confiamos y quisiéramos más partir del cuerpo y morar junto al Señor (2 Corintios 5:8). ¡Así es que estaba esperando morir para estar con el Señor! En el Apocalipsis, en varios sitios, San Juan vio a los "Santos" en el cielo, mientras la tierra estaba habitada de buenos y malos: Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido degollados por la palabra de Dios y por el testimonio que guardaban (Apocalipsis 6:9). Miré y vi una muchedumbre grande, que nadie podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, que estaban delante del trono y del cordero, vestidos de túnicas blancas (Apocalipsis 7:9). A toda esta inmensa muchedumbre los vio San Juan en el Cielo antes del séptimo sello, así es que antes que sonaran las siete trompetas, mientras había muchos buenos y malos en la tierra, antes de que se derramaran las siete copas con las siete plagas. Y esto no es todo: Los "Santos" que ya murieron no sólo están ya en el Cielo, sino que la Biblia nos enseña que pueden orar por nosotros, y que su intercesión es poderosísima, porque están junto al Señor y con El, porque en el Cielo, en la eternidad, no hay espacio, donde está Jesús ahí está San Pedro y San Pablo y la Virgen María, y por eso se le puede orar a la Virgen y lo oye a uno al mismo tiempo en New York o Madrid o India, porque donde está Dios, ahí están todos los "Santos". Orad unos por otros para que seáis sanados. Mucho vale la oración fervorosa del justo (Santiago 5:16). Tú puedes y debes orar por mí, y yo debo orar por ti... Si mi esposa puede y debe orar por mí, cuánto más podrá orar la Virgen María, porque ella es la Bendita entre todas la mujeres (Lucas 1:42). La más bendita, la más santa, por eso la llamamos santísima, la más justa, y además ya está glorificada, ya está en la gloria con Jesús, así es que su oración es poderosísima... ahora todavía más que allá en las Bodas de Caná, en Juan 2, allí estaba Jesús y si hubiera estado Jesús solo, se hubieran quedado sin vino en las bodas, porque todavía no había llegado el tiempo de Jesús de hacer milagros. Pero porque se lo pidió la Virgen a Jesús, se cambió el "plan eterno" y aunque la hora de Jesús no había llegado, hizo el primer milagro y tuvieron vino del mejor en aquellas bodas. Jesús es el único intermediario entre Dios Padre y los hombres... pero entre Jesús y los hombres hay muchos intermediarios: Quien te enseñó la Biblia y la religión, quien te bautizó, es un intermediario entre tú y Jesús... los misioneros que van al África son intermediarios entre Jesús y los hombres... cuando tú enseñas la religión a tu hijo, tú eres intermediario entre Jesús y tu hijo... y lo mismo pasa con la oración. Yo le oro directamente a Jesús, pero cuando tengo alguna dificultad, le digo a mi esposa que ore por mí, y los hermanos oran por mí también. Un ministro protestante me discutía muy acaloradamente que sólo se debía orar a Jesús, sin intermediarios, y enseguida se contradijo cuando le pregunté si él oraba por sus hermanos, y si sus hermanos de la iglesia oraban por él… pues cuando alguien ora por usted, ese es intermediario, le está pidiendo a Jesús por usted... y si usted puede orar por mí con mucha más razón San Pablo y San Pedro y la Virgen María que seguro que son más justos que usted, y además están ya glorificados junto al Señor. Llegó otro ángel y se puso en pie junto al altar con un incensario de oro, y fueron dados muchos perfumes para unirlos a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que está delante del trono. El humo de los perfumes subió con las oraciones de los santos, de la mano del ángel a la presencia de Dios (Apocalipsis 8:3-4). Esto vio San Juan justo antes del toque de la primera trompeta, y eran varios intermediarios: El ángel, los santos todos, los de la tierra y los ya glorificados... Y antes de abrir el primer sello, vio San Juan algo parecido en Apocalipsis 5: Copas llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Nada menos que eso son las oraciones de los santos: "copas llenas de perfumes", no existe simbolismo más lindo para expresar algo tan grandioso, el poder grande de las oraciones de los santos. Tobías 12:12 nos dice que San Rafael presentaba ante el Señor las peticiones de Tobías y Sara, y eran escuchadas porque tenían un buen intermediario, un buen intercesor. Por si esto fuera poco, Dios nos lo ha mostrado miles de veces con miles de milagros hechos por la intercesión de los Santos después de muertos. Para canonizar a un "Santo", la Iglesia es muy exigente, entre otras cosas pide que haya evidencia, sin lugar a dudas de varios milagros hechos por Dios por intercesión del Santo. Hay cientos de Santos canonizados por la Iglesia Católica, y cada Santo con varios milagros hechos por su intercesión. Usted mismo puede obtener cualquier proceso de canonización, que es uno de los procesos más rigurosos que hay en la tierra, y evaluar por usted mismo las maravillas hechas por los Santos después de muertos. Yo me llevé una gran sorpresa cuando comencé a leerlos - Hay más de 3,000 Santos canonizados (Butler, Saints). La Biblia enseña que es bueno y útil respetar y venerar las reliquias de los Santos. Nos muestra la Biblia prodigios y milagros obrados por Dios mediante objetos y restos de los Santos: Hasta los pañuelos y delantales que habían tocado el cuerpo de Pablo, aplicados a los enfermos, hacían desaparecer de ellos las enfermedades y salir a los espíritus malignos (Hechos 19:12) Un muerto resucita al ponerse en contacto con los huesos del profeta Eliseo (2 Reyes 13:21). La sombra de Pedro sana a los enfermos (Hechos 5:15). Los enfermos que "tocaban" el vestido de Cristo se sanaban (Mateo 14:34, Lucas 8:44). El manto de Elías dividió las aguas del Jordán (2 Reyes 2:8-14). Las varas de Moisés y Aarón obraron maravillas en la corte del Faraón, en el Mar Rojo, y en el desierto (Éxodo 7:10, 14:16, 17:8). El mismo sentimiento humano que mueve a los hijos a guardar cosas del papá o la mamá, y que mueve a los pueblos a respetar lo que perteneció a sus héroes, exhibiéndolos en museos... ese mismo sentimiento es, en parte, el que mueve a los católicos a respetar y venerar los objetos y restos que pertenecieron a buenos cristianos. Los católicos no creen que las reliquias de los Santos tengan por sí mismas algún poder o virtud; creen que Dios a veces se sirve de ellos para concedernos sus beneficios, como nos muestra la Biblia en varios sitios antes expuestos... y son, sobre todo, recuerdos sagrados de buenos cristianos que ya han sido canonizados: Un pedazo de un hueso suyo, o de su vestido, o de su pañuelo, o alguno de sus cabellos...
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